Los artistas emergentes más destacados (XI): iconografía religiosa, altares y animales salvajes

Los artistas emergentes más destacados (XI): iconografía religiosa, altares y animales salvajes

El arte, para Julio Galindo (Llerena, Badajoz, 1988), es elevar la obra de uno a lo sagrado. Si clarificamos este pensamiento, “el arte es crear altares”, según sus propias palabras. “Me apropié de la iconografía y los discursos religiosos para dar importancia a las cosas de las que quería hablar e impregnarlas de esa santidad. Se trata de no limitar estos conceptos a lo religioso, sino de aplicarlos a nuestra vida diaria. Por ejemplo, hacía un animal y le ponía unas velas y unas cruces y, de repente, se convertía en un altar que hablaba de otra cosa. Al final, el arte es una especie de ritual sagrado que convierte en importante algo que aparentemente no lo es. Yo creo que tiene algo muy mágico y chamánico”, dice.

Poco a poco, el escultor cerámico ha ido creando una mitología propia que explora términos como lo sagrado, lo espiritual y lo religioso. Que pone en tela de juicio valores culturales de la sociedad en la que se crió. Que subvierte nociones como la de santidad mediante propuestas iconográficas que muestran lo que él considera verdaderamente místico. Su intención es mostrar que existe la posibilidad de encontrar aspectos profundamente existenciales en nuestro entorno inmediato, lo que pasa por elevar al nivel de sagradas cosas que no lo son, pero que quizás deberían serlo. Esa mitología es la que Galindo quiere seguir explorando en la exposición que ahora prepara, a un año vista, para Santa Catalina, una iglesia desacralizada en el corazón de Badajoz. También una suerte de hábitat natural para sus piezas.

“Tengo claro que quiero abordar en ella la temática mitológica, por aquello de que he creado con mi trabajo mi propia mitología. Estoy ahora haciendo bocetos. Tengo muchas ganas de exponer en mi tierra y, más aún, en este espacio. ¡Estoy deseando vestir la iglesia con mis cosas! En Saint-Gaudens, Francia, ya lo hice en la exposición Hasta la madrugada en Chapelle Saint-Jacques centre d’art contemporain, junto a Julio Linares, Cristina Mejías y Belén Rodríguez. Ahora, la iglesia es para mí solo”, bromea.

Nada tienen que ver sus obras con el discurso religioso o lo sagrado tradicional. La sacralización de sus esculturas es absolutamente personal y propia. También los temas que “alza” hasta los altares con su obra. “Las temáticas dependen un poco de la exposición. Sí que hablo mucho de nuestra relación con la naturaleza, de mi preocupación con todo lo relacionado con el cambio climático, de ecología… Me preocupa también mucho la violencia, cómo se ejerce hacia ciertos colectivos y desde dónde. Siempre estoy planteándome cómo va a ser el futuro, hago mucho el ejercicio de pensar cómo vamos a ser nosotros en equis tiempo. Soy pesimista con todo lo que estoy viendo”.

Los títulos sus exposiciones son siempre explícitos: La carne, el sacrificio, el ritual, en La Galería Factoría de Madrid; Niños Niños Futuro Futuro, junto al artista Julio Linares, en Espositivo Madrid; Alimañas estivales, también junto a Linares, en Diwap Gallery en Sevilla o La caza del Tigre en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada. Y así ha seguido siendo en años recientes.

En La liturgia de las aves –su primera exposición individual en la galería Veta de Madrid–, puso a volar a docenas de pájaros sobre una hoguera. En Post-apocalipsis –la segunda– imaginó cómo sería el mundo 10 años después de que el último ser humano hubiera desaparecido y lo plasmó en sus animales salvajes. Una alegoría sobre un futuro próximo que cuestiona nuestra existencia y la huella que dejamos como raza en el mundo y el ecosistema. En La rave de dios –su última exposición– representó la última fiesta de la humanidad a través de figuras religiosas sometidas a un mundo nocturno lleno de excesos que celebran la vida como nadie. Los símbolos religiosos son aquí reinterpretados. Por primera vez, el artista trabajó esculturas de personas, un formato más grande del acostumbrado y también un reto técnico enorme.

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